Carola Segura. Marmoladora

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Limpiando el baño de marmolado

«Marmolar es muy sencillo.. se toman los colores, se agrega agua y hiel, y si flotan y estiran es que previamente se ha sudado sangre». Un aprendiz atribulado.

Como parte del ciclo de entrevistas dedicadas a la mujer dentro de las artes del libro, estaba contemplada una marmoladora, de la que no sabía su nombre hasta que mi amigo Carlos Quesada me presentó a Carola Segura. Cuenta una vieja leyenda del Japón que el marmoleado fue regalo divino para un hombre llamado Jiyemon Hiroba en el año de 1151 en recompensa por su dedicación en la capilla Katusga. Como quiera que este oficio haya sido descubierto logró su difusión primero al cercano oriente, y bajo el nombre de Ebru fue utilizado en la India, Turquía y Pakistan alrededor del siglo XV. En el siglo XVI el marmolado llega a Europa siguiendo las rutas comerciales, y ya en el siglo XVII podemos encontrar notables ejemplos de estos papeles decorados en Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra e Italia.

De la obligada secrecía de este oficio se cuenta lo siguiente: «Estos hermosos papeles decorativos eran muy estimados por los encuadernadores; para estimular una alta demanda, los marmoladores establecieron gremios y talleres en donde eran empleados jóvenes aprendices para ayudar en la producción. Se enseñaba a cada aprendiz solamente tan solo una parte del proceso de marmoleado, siendo obligados a trabajar entre divisiones de madera, de esta manera no podrían considerar lo que hacían otros trabajadores.Quién revolvía los colores, por ejemplo, nunca podía ver la receta para hacer el baño sobre el que se ejecutan los patrones, y probablemente, nunca tuvo ocasión de ejecutar algúno de los patrones del maestro. Los secretos prevalecieron en este nuevo arte, y los maestros fueron acumulando un saber que sus trabajadores nunca tendrían para elaborar sus propias hojas, de modo que impidieran a como diera lugar una posible competencia» The Ultimate Marbling Handbook. Diane Maurer-Mathison

En estas épocas en las que mucho se habla de arte, pero poco o mal se hace, podemos al menos contemplar estos procesos, sin más obstáculos para aprender que el trabajo constante y ciertas dotes innegables para la poesía multicolor que exige este oficio. Los dejo pues con algunos comentarios que a lo largo de un par de meses se generaron entre Carola Segura, excelente marmoladora argentina, y un servidor.

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